El amor por la lectura en tiempos del iPad


El amor por la lectura en tiempos del iPad

Hace unos meses Gabriel García Márquez celebró sus 85 años con el primer lanzamiento digital de Cien años de soledad. Si bien es la cuarta entrega digital del recordado Gabo, esta acción avivó la discusión entre la lectura de libros físicos versus la lectura en un ordenador, una portátil o una tableta.Una reciente imagen que encontré en la web (y su discusión) me hizo repasar las opiniones que tengo con respecto a la digitalización de la lectura.

Por 500 años, aproximadamente, hemos utilizado los libros como una forma de preservar y transmitir la cultura, es decir, creencias y conocimientos, tanto en el espacio como en el tiempo.

 

Hasta ahora el papel (en cualquiera de sus formas o tipos) continúa siendo el principal soporte de un libro. Sin embargo, la creciente importancia del cuidado del medio ambiente nos hace preguntarnos si es realmente sostenible la producción masiva de libros en papel. Los árboles de madera dura como robles y el arce son utilizados para el papel que usamos para escribir, mientras que la madera blanda se usa para papel de empaquetados, cartones, etc. Según Greenpeace, aproximadamente el 15 por ciento de esos árboles son plantados para ese propósito en bosques que vuelven a replantarse, o sea granjas de árboles. El resto proviene de bosques que no son repuestos, tan sólo mueren, y mueren, y desaparecen. Si bien existen alternativas como el uso de papel reciclado, éste no se da basto para la demanda a nivel mundial.

Durante la última década, plagada de avances tecnológicos, se consolidó el poder de los libros electrónicos. Si bien éste ya había sido desarrollado mucho antes, Stephen King popularizó el formato denominado eBook al lanzar su novela Riding the Bullet en marzo de 2001. En 48 horas ya había vendido medio millón de copias por tan sólo US$2.50 cada una. Desde este momento nacieron varias editoriales electrónicas y muchas tiendas virtuales empezaron a incorporar libros electrónicos en sus catálogos.

Este año Amazon , Sony y Barnes & Noble lideran el mercado de los lectores electrónicos con el Kindle, Reader y Nook, respectivamente. Por otro lado Apple -con el iPad- y  lidera (aún) el mercado de las tabletas, un mercado que, a su vez, incluye a los libros electrónicos. El impacto ambiental a nivel mundial de dispositivos electrónicos como las tabletas es mucho menor al de la continua tala masiva de árboles. Cabe resaltar, además, que todas las compañías mencionadas están bien posicionadas y realizan esfuerzos cada vez mayores en pos de la conservación del medio ambiente.

En general, el precio de los libros digitales va muy por debajo de sus pares impresos, los hay incluso gratuitos. Hoy es posible encontrar todo tipo de obras, incluyendo textos debidamente comentados de Hannah Arendt, Benedict Anderson e incluso de Mario Vargas Llosa por debajo de los diez dólares. Es un mercado que no para de crecer. Al mismo tiempo, las computadoras y demás soportes electrónicos bajan de precio cada vez más, lo cual favorece al ciudadano de clase media pues aumenta la rentabilidad de su inversión a largo plazo.

Si bien el libro escrito representa un placer táctil, visual y -principalmente- cognitivo, muchas personas se resisten a la idea de que un libro electrónico pueda representar eso e incluso mucho más, puesto que el soporte electrónico permite la inclusión de audio y vídeo en las páginas que uno lee. Esto último enriquece la experiencia de la lectura y estoy seguro que los conservadores y poco entusiastas con la tecnología estarían de acuerdo.

Sin duda, hay ventajas y desventajas. Hay un tiempo de vida del dispositivo, la batería con al alrededor de cinco años de duración, pero uno gana la capacidad de llevar una biblioteca entera en el bolsillo (o en la mochila) sin que pese ni ocupe demasiado y, además, sin riesgo de que tus libros se deterioren.

El argumento económico en contra de los libros digitales es, en la mayoría de los casos, falaz. Muchos arguyen que no toda la población es capaz de costearse un iPad… pero, fuera de las alternativas que existen, para tal caso.. ni siquiera yo puedo costearme un iPad. No toda la población puede costearse una computadora… comida saludable, ropa, servicios de salud adecuados… y, ni qué decir, agua potable. Ese tipo de contra-argumento responde a un aspecto de la realidad socio-económica mundial que se aplica a todo campo de acción del ser humano y no se limita al uso de libros electrónicos.

Otro grupo de contra-argumentos responde a la sensación de un libro, y su olor, y bla bla bla. Todo esto es muy bonito, pero no quiero contribuir a la desaparición de árboles alrededor del planeta. Muchos detractores se quejan de la lectura digital sin siquiera tener los soportes adecuados para llevarla a cabo. Hay quienes pretenden leer un libro en la pantalla de su celular… y luego dicen que no es lo mismo. Es como querer evaluar la conducción de un Lamborghini… sentado en un Tico.

Ya no estamos en la era del monopolio del conocimiento, mucho menos en la época de las cartas por correo. La era de la información ha cambiado el modo como interactuamos con el mundo que nos rodea. Es lógico que, en unos años, cambiará por completo el modo de aprender de las futuras generaciones. Y es que un escolar buscando resolver su tarea en wikipedia no es un gran avance, aún falta mucho por recorrer.

El punto no es la tablet, la laptop, el Kindle, la netbook o el iPad sino cómo estos soportes, conforme están cada vez más al alcance de los bolsillos de la clase media, fomentan un nuevo tipo de aprendizaje e interacción con el mundo. Si, un libro tiene muchas ventajas, pero qué podemos decir de un libro que, en sus páginas, incluye material audiovisual, interactivo, de mayor control. Un escolar buscando su tarea en Wikipedia no es lo mismo que tener un libro electrónico. / Si, estamos en otra realidad, la MASA invierte cada vez menos en educación y desconocen las oportunidades que están a su alcance. ¿Cuántas personas tienen un iPod y no tienen idea de lo que es un Podcast?

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