Ginger Ninjas. Ciclo-turismo, música y activismo ambiental en movimiento.


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Día a día reviso y analizo exhaustivamente diversas tendencias, novedades, ocurrencias y eventos relacionados al ciclismo y al ciclo-turismo. Un buen día me topé con una pareja de ciclo-turistas que realiza un viaje en bicicleta a través de toda América bajo el lema “We Go Slow” (Vamos despacio). Me comuniqué con ellos y compartimos distintas experiencias y encuentros a lo largo del camino. Uno de estos encuentros captó particularmente mi atención. Se trataba de una banda de música que realizaba un tour a través de México. Esta banda de música utiliza sus bicicletas como medio de transporte (con instrumentos y todo) y, además, como generadoras de energía eléctrica para sus conciertos y distintas necesidades día a día.

La banda se denomina Ginger Ninjas, un término que significa, con cariño, ninjas pelirrojos. Esta propuesta va más allá de viajar en bici y de la música. Ginger Ninjas es, además, un grupo de activistas a favor de la conservación del medio ambiente y han logrado reducir al máximo su impacto ambiental en el planeta. 

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El líder de la banda, Kipchoge Spencer, decidió un día renunciar a su empleo para dedicarse por completo al ciclismo y a la música. Así nacieron los Ginger Ninjas.

Esta banda que, además de transportarse sólo en bicicleta, utiliza un sistema en el que la fricción de cada pedaleo produce la energía mediante dínamos con la que hacen sonar sus instrumentos y dar vida a sus canciones. Por ello, sus presentaciones en vivo necesitan de la participación de sus oyentes, quienes deberán  pedalear e incluso turnarse para seguir disfrutando de la música.

“Somos una banda tratando de hacer giras como las demás, pero a nuestra manera: con poco impacto ambiental y siéndoles fiel a nuestros corazones y las cosas en las que creemos” .

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Los Ginger Ninjas decidieron en 2008 que su primera gira internacional sería desde California, en Estados Unidos, hasta el sureño estado de Chiapas, en México. Para ello recorrieron alrededor de 8,000 kilómetros en bicicleta, y visitaron ciudades y pequeñas localidades en la costa del Pacifico mexicano hasta el occidente, para después dirigirse a la Ciudad de México y de ahí hacia Palenque.

Sobre sus bicicletas cargaron con sus instrumentos, sus pertenencias, su comida y lo que fuera necesario para sobrevivir. Cargaron en dos ruedas su hogar entero por casi medio año.

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En su paso por el territorio mexicano, el documentalista argentino Sergio Morkin tuvo la oportunidad de escucharlos en una presentación en un pequeño pueblo de Baja California. No necesitó mucho tiempo para decidir que quería grabar su historia hasta su llegada a Chiapas. Es así como nació el proyecto audiovisual de los Ginger Ninjas en Kickstarter: “Atascados en La Tierra. Vamos a donde ninguna banda ha ido antes.“, que logró ser financiado casi enteramente por la colaboración colectiva de aquellos alrededor de mundo que creyeron en el proyecto.

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Aquí pueden ver el trailer

El grupo y la iniciativa pueden parecer muy rudimentarios pero en realidad hay muchísima organización y un gran movimiento logístico detrás del proyecto. La banda necesita moverse con sus bicicletas, paradores o patas de cabra, llantas (que se gastan debido al uso intensivo de los dínamos), motores/generadores, monturas, indicadores, capacitadores, drenadores de voltaje, cableado, amplificadores, altavoces, parantes para los micrófonos e instrumentos, monitores, luces, cargadores, baterías, paneles solares, etc.

Por si fuera poco, existe una ideología o un razonamiento detrás de cada recurso utilizado por la banda.

CicloTurismo. La mayor parte de sus necesidades de transporte la cubren con sus bicicletas. Esto incluye la banda, el equipaje, los instrumentos, los distintos aparatos que utilizan para generar, transmitir y almacenar parte de la energía, etc. Esto implica no comprar automóviles ni el uso de recursos energéticos no renovables como el gas o el petróleo.

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Energía. La banda afirma haber generado la electricidad para el 98% de sus conciertos sólo con el pedaleo conjunto de su audiencia. Sin necesidad de plantas generadoras, carbón, contaminación, etc.

Un detalle interesante con respecto a la electricidad generada es que, dado que requiere esfuerzo de cada uno de los integrantes, éstos se esfuerzan por conservarla y aprovecharla al máximo. Esto implica el uso de amplificadores eficientes, focos ahorradores, y el dejar a un lado lo innecesario. Para cargar cosas como celulares, laptops o baterías ellos utilizan paneles solares plegables.

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Posters y Merchandising. La banda procura utilizar papel de oficina usado, es decir, aprovechar al máximo el papel mucho antes de que éste vaya a ser reciclado. Para la ropa ellos procuran  comprar ropa usada o recurren al trueque con quienes encuentren en el camino.

Alimento. El grupo consume comida orgánica, con insumos encontrados en el camino, en su mayoría vegetales.

Viajes. Cuando no pueden pedalear, por diversos motivos, procuran utilizar el transporte público o “tirar dedo”, como decimos nosotros los peruanos. Los buses y trenes utilizan menos energía que los autos y aviones.

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El productor del documental señala “En un principio me impactó que eran buenos músicos, que iban a recorrer México en bicicleta, que generan electricidad y que traían un mensaje ecológico y de cuidado al medio ambiente”. Los miles de kilómetros fueron para los Ginger Ninjas una ruta de cambio, ya que en el camino se fueron quedando algunos integrantes y tuvieron además que afrontar dificultades personales, ajenas al pedaleo.

La cámara de Sergio Morkin fue registrando todos los momentos complicados para la banda, ya que el documental La revolución placentera busca “mirarlos como seres humanos afrontando una odisea gigante y no como héroes gringos” que vienen a conquistar México con su discurso.

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Tres años después regresaron a la capital mexicana para presentarse en el festival de música Vive Latino. Pero la premura del aviso les impidió desplazarse sólo en bicicleta, por lo que llegaron en un camión que funciona con biocombustible. Durante su presentación en la edición 2011 del Vive Latino, los Ginger Ninjas tuvieron una entusiasta recepción del público, que pedaleó con ánimo para compartirles su energía y hacer que su sonido se hiciera presente.

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“Lo que me gustaría es poder seguir de ciudad en ciudad y crear festivales que combinen el ciclismo y la música, para poder invitar a muchas bandas locales a ser parte de lo que hacemos y con ello poder emocionar a la gente con la idea de que las bicicletas son geniales”

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