No somos parte del problema, somos parte de la solución


Somos unos maestros en esto de traspasar la responsabilidad de los problemas que nos aquejan a los demás. Dicho de otro modo, nosotros nunca tenemos la culpa de lo que nos pasa, siempre buscamos a alguien a quien echársela. Es más fácil de comprender, más cómodo. Esta forma de transferencia cobra una gravedad especialmente preocupante cuando hablamos de movilidad.

Que cada uno ve la movilidad según le va en ella. Cada uno, desde su trinchera, desde su óptica, trata de explicar su circunstancia inculpando al resto de agentes de la movilidad.

Así los automovilistas tratan de echarle la culpa de su problema a los otros, siendo los otros los responsables de su penuria y aquí caben todos: desde ingenieros, hasta políticos, pasando por policías, pero lo que más les ofusca es ver un ciclista en su camino, ya sea porque quiera cruzar o porque quiera adelantarlo en el tráfico, y da igual que sea ciclista o peatón.

NO SOMOS PARTE DEL PROBLEMA

NO SOMOS PARTE DEL PROBLEMA

A los ciclistas les pasa tres cuartos de lo mismo. Ven a los demás como responsables de sus penurias y aquí les da lo mismo político, urbanista, agente de la ley, automovilistas o sus más acérrimos “enemigos”: los peatones. Esos peatones que se interponen en sus trayectorias, en sus maniobras, en sus atajos y en sus jugarretas. Y ni hablar de los que caminan por las ciclovías. Esos son lo peor y se merecen sus peores acusaciones.

Si les preguntamos a los peatones, obtendremos una visión semejante. Los demás tienen la culpa de sus miserias, pero se ensañarán especialmente con los ciclistas por pura novedad y por su presunta inmunidad ante sus faltas y flagrante invasión de sus espacios.

Espacios públicos

Espacios públicos

No nos damos cuenta de que mientras el terreno en el que jugamos esté concebido tan a favor del automóvil, por no decir exclusivamente a favor de ellos, los demás no estaremos en igualdad de condiciones pero estamos del mismo bando. Y es que no. No somos parte del problema. Cuando montamos en bici y cuando caminamos somos parte de la solución. Que nos quede claro. Porque estas opciones, cada vez que las ejercitamos, aportan un granito a los demás, a la construcción de esa ciudad sostenible, orientada a las personas más que al tráfico, donde la calle es el lugar común más valioso y que hay que recuperar para su disfrute.

 

Artículo editado y adaptado
Original: Eneko Astigarraga